Publicado en edición impresa de fotos, perlas y lentejuelas  

Sara, la esposa de Jorge Lanata, debutó como artista plástica

Cultora del bajo perfil, prefirió usar su apellido de soltera en la expo que realizó esta semana. Su musa: Juliana Gattas, la cantante de Miranda!

Debut. El día de la inauguración de la muestra Lanata acompañó a su mujer. Ella estaba muy ansiosa y nerviosa. |

Una curadora se acerca y elogia sus cuadros. Ella, que siempre recalca que está empezando,  agradece sorprendida mientras espera que abran la puerta de un taller del edificio Central Park Barracas, la panacea para los artistas plásticos, y el lugar donde cuelgan sus obras, cuya protagonista es la cantante de Miranda!, Juliana Gattas. En esa espera, pasa el consagrado artista plástico Eugenio Cuttica y la saluda. Apenas se va de ese lugar en el que se respira arte, ella hace una reverencia. Allí no usa su apellido de casada, Lanata. Allí, es simplemente Sara Stewart Brown. Así se presenta, y así elige firmar sus obras, las que, después de muchas dudas, se animó a exhibir en lo que fue su debut en el mundo del arte en la expo Talleres abiertos.

—¿Cuándo empezaste a relacionarte con el arte?
—Cuando era chica, pintaba. También hice la carrera de Arte en el Teatro y trabajé como productora de teatro under. Pero después de tener a Lola, me agarró una crisis existencial. No estaba del todo contenta con lo que estaba haciendo. Así que fui a averiguar al IUNA (Instituto Universitario Nacional del Arte) y me anoté en Artes Visuales. Me metí porque sentía que quería hacer eso y quería la formación académica, no quería hacer un taller con cualquier pintor. Igual, hice media carrera porque es larguísima y a mi edad uno tiene otras prioridades, como la familia, por lo que fui haciendo las materias que me gustaban. Ahora estoy como ayudante en una cátedra de grabado.
—¿Cómo surgió tu participación en esta exposición?
—Conozco al dueño del edificio, Gustavo Fernández, y un día me llamó para decirme que se hacía esta muestra y si quería participar. Y si bien me costó decidirme, me animé. Yo soy de tirarme muy abajo, más cuando uno empieza algo ya de grande. Además, me costaba mucho la mirada ajena por el hecho de ser la esposa de Lanata (N de R: así llama a Jorge, su marido).
—¿Fue la exposición de tu marido lo que dificultó la decisión?
—Sí, porque soy muy pudorosa. Y tenía miedo al prejuicio, a que me juzguen y que piensen que soy una improvisada. Y no lo soy. Además, soy muy de perfil bajo. Hace quince años que vivimos juntos y diecisiete que nos conocemos, y nunca quise dar notas. No me parece que me entrevisten sólo por esa condición de esposa de él. En cambio, si es por lo que yo hago, sí. Hace cinco años que me metí en esto y me preparo. Me gusta hacerlo y ser responsable.
—¿Y qué hizo que te decidieras?
—Era algo que quería hacer y me había preparado. Esto me sirvió para despegar. Era el empujón que necesitaba para animarme. Además, me sirvió para contactarme con galeristas, curadores...
—¿En qué te inspiraste para hacer los cuadros?
—Hacía rato que venía con la idea de hacer retratos con maquillaje. No sabía si componerlos directamente con óleo o acrílico... Hice muchas pruebas con fotos y me gustaron, así que me definí por esa técnica. Y después pensé mucho con qué retrato hacer las obras. Y no sé por qué se me pasó por la cabeza que tenía que ser Juliana, y así fue. Ella es súper histriónica y tiene una cara increíble.
—¿Cuánto tiempo te llevó realizarlos?
—Una vez que llegué a la idea, el tiempo fue corto porque el trabajo es simple. Son fotos impresas en papel de dibujo, trabajé con maquillaje: sombras, base, rush, pestañas... Cuando hice las primeras pruebas, me dio como foto antigua. Y yo soy más pop que eso. No me quedé conforme, así que empecé a trabajar los fondos. Usé lentejuelas, canutillos, perlitas… Y me pareció que tenían buen diálogo con el resto.
— ¿Y qué te dijo Jorge?
—A Lanata le gustó. Y eso que él es re duro. Cuando no le gusta algo, es muy crítico. El tiene una veta creativa súper importante, tiene ideas todo el tiempo y te las quiere imponer. Pero esto le gustó, le parecen originales los materiales con los que está hecha la obra.
—¿Se han llegado a pelear hablando de arte?
—Yo escucho y tomo lo que me parece porque tiene re buenas ideas. Pero la verdad es que para alguien que recién empieza, que está en cualquier proceso creativo, es re difícil que te digan lo que tenés que hacer.
—¿Y desde tu visión de artista sos crítica con él, por ejemplo con su vestuario?
—Bárbara es su vestuariasta (N de R: es la hija mayor de Lanata). Yo opino con respecto a los colores porque es un poco daltónico y para él algún verde es azul y un gris es marrón. Se equivoca mucho y hay cosas que no van. Esto es un trabajo en equipo (se ríe). Además, por lo que hago sé un poco de colorimetría y en algunos casos está bueno romper con las combinaciones, pero en otros no. Igual la mayoría de la ropa se la compra él. Bárbara le elige las telas, le arma los conjuntos; él tiene su sastre de siempre. Pero cuando no me gusta algo se lo digo, discutimos, y cada uno hace lo que quiere. Y al revés también (se ríe tímida).

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